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Más acá de Medea
Paola Francesconi

Fuente: Asociación Mundial de Psicoanálisis
http://www.wapol.org/es/escuelauna/escuelauna.asp?papers/papersdelca/n006.html#stiglitz

Una joven mujer lleva en su apellido el sello de una condición gemelar imposible con el otro, la tensión de volver al otro "similar" a sí misma. Pide ayuda porque en su mundo de relaciones pacificadas por la igualdad y agitadas por la diferencia ha aparecido un nuevo objeto, un peligroso condensador de libido no atemperada por una palabra que haga existir un más allá separador: su niño, nacido de una relación con un hombre con el mismo nombre de bautizo que la paciente, excepto por la vocal de género final.

Desde su nacimiento, el compañero se ha convertido en el término de comparación imposible de todos los atributos de un buen padre, ella es inadecuada, él es todo aquello que ella no es, el valor erótico de su pareja se reduce a cero, y adquiere predominio un empuje irresistible a convertir los cuidados corporales del neonato en vehículo de fantasías de maltrato: a veces lo ha batido con energía sobre la cama, lo ha volteado con excesiva fuerza al cambiarle el pañal, haciéndolo llorar frecuentemente. Lo que le resulta particularmente intolerable es su mirada, los mismos ojos del compañero, con los que el pequeño la mira, sea con reproche, sea con la insistencia de la demanda: hacerse el Otro de la demanda introduce para ella una disimetría en la relación en la que ella rechaza constituirse como depositaria de un objeto, rechaza el límite que circunscribiría en ella el objeto de la demanda del niño. Prefiere la apertura sobre el exceso. Así ella es tomada por raptos de violencia que dificultosamente logra retener, titubeando sólo ante algún pequeño hematoma sobre el cuerpo del hijo. La dificultad que ella enuncia en cuanto a dirigirle la palabra cuando él ya tiene casi dos años, señala el carácter de objeto que él conserva para ella.

¿Pudiéramos concluir que la patología del exceso en este caso consiste en el encuentro con el objeto de la angustia que desgarra el equilibrio imaginario especular que ella había instaurado con la pareja? "Lo pone en el medio" (al niño) dice la paciente, "en la cama entre yo y mi compañero", haciendo presente el elemento no integrable a la pareja. ¿Cómo puede el falo imaginario para una mujer erigirse en tal elemento angustiante y embarazoso?

Otro detalle puede ayudarnos a entenderlo: cuando ella está delante del espejo, absorta depilándose las cejas, "con tenacidad", el niño trata de arrastrarla fuera de allí. Tal acción separadora del pequeño es la misma que realiza el ideal del yo, cuando llama al sujeto a resolver la tensión erótico-agresiva con el espejo por medio de la elección de un "punto de vista" que dé a la imagen una significación. El cortocircuito impropio que drena la libido agresiva, como exceso, sobre el cuerpo del niño parte de la ausente inscripción del ideal del yo en las fallas de la imagen, que la paciente se ocupa "tenazmente" de agujerear con la acción de extraer las cejas: él queda afuera, por así decir, y este rechazo retorna como encarnación real en el ideal del yo.

Ahora bien, el trabajo analítico, iniciado un año después del nacimiento del niño con el relato de sus primeros impulsos de violencia, ha consistido precisamente en una operación de constante divergencia entre ideal del yo y objeto que, en caso de realizarse sobre el niño, pudiera activar en la paciente un empuje al crimen, que ha quedado latente en este caso de psicosis ordinaria sólo gracias al esfuerzo de llevar el rasgo del ideal al interior de la difícil relación del sujeto con la tiranía de la propia imagen. Poner a la luz el hecho de que ella quisiera golpear en el hijo la alteridad de su compañero que se hizo padre, ha sido un paso intermedio para atenuar el apresamiento casi persecutorio que la mirada silenciosa del niño, mirada vehiculizada por los mismos ojos del padre, ejercía sobre ella, sin prometer otra cosa que lo peor.

Esta joven mujer ha corrido el riesgo, desde la muerte traumática de su padre a los ocho años, de concluir trágicamente un deslizamiento hacia el exceso, frente al cual evidentemente el padre había servido como dique, como resistencia a la exteriorización del ideal del yo en algún objeto del mundo. Padre perfecto, muerto como héroe, pero rabiosamente adverso a su presencia de objeto intruso entre él y la pasión morbosa y celosa hacia la esposa, madre de la paciente. Desde su muerte, la madre se ha dejado llevar a relaciones promiscuas con hombres, ella, precozmente, se convirtió en una "poco de bueno", como se define a sí misma en el pasado refiriéndose a la súbita llegada de un goce ya no obturado por la hostilidad paterna en su contra, y cargado de una alteridad que ella no podía asumir sino en el hacerse "Otra" en el exceso.

Muchos crímenes perpetrados por las madres hacia sus propios hijos parecieran encontrar su punto de desencadenamiento en el desenganche entre el ideal del yo y el narcisismo fálico materno, por el cual el primero encuentra consistencia, superponiéndose al valor de menos phi del niño, positivizándolo así de manera persecutoria. El ideal del yo encarnado por el niño se convierte así en ese Otro particular de la demanda, que cierra la dialéctica de la demanda de amor guiando la mano del sujeto a un pasaje al acto liberador en el gesto criminal.

La paciente en cuestión ha quedado más acá de todo esto: lo diré con la interpretación de un sueño. Desastre ferroviario, el tren salido de los rieles, ella sobre un pedazo de tierra con el niño, su compañero sobre otro, dos pedazos de tierra como islotes, pero… he aquí el terremoto. Tal sería la consecuencia de separarse de él, el padre del pequeño, un verdadero terremoto. Tal sería la consecuencia del abrazo mortal con el ideal del yo convertido en objeto.

En este caso, emerge la insostenibilidad de un narcisismo fundado en la "similitud" de sí a sí que da lugar al riesgo del estrago como desmoronamiento de este mismo narcisismo o del crimen como anulación del ideal exterior.

Se pudiera decir aún de otro modo. La facilidad femenina para colocar el ideal del yo en una exterioridad respecto al sujeto [1] hace de él un peligroso intermediario del goce del Otro en la mujer, eso que la mujer alcanza haciéndose, como dice Lacan [2], "Otro para sí misma".

Notas
1- J.-Alain Miller, …du Nouveau, Edition de l’ECF, Paris 2000, pp. 66-67.
2- J.Lacan, "Appunti direttivi per un congresso sulla sessualità femminile" , in Scritti, II, Einaudi, Torino 1974, p.728.

Traducción: Antonio Pignatiello


 
 
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