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whilhelm reich - dramateatroLA EXPRESION EMOCIONAL Y EL CUERPO I
Por David Boadella.

El lenguaje de la bioenergía

Hay que reconocer desde el principio que es imposible que un individuo no se comunique. Incluso el silencio total nos dice algo sobre una persona y sobre el modo en que aborda el mundo. El enfoque de los síntomas neuróticos descritos con palabras por el sujeto perturbado se complementa en la terapia bioenergética con un enfoque de los signos del estrés emocional y el trastorno expresivo revelados por los aspectos no verbales del paciente.

El primer científico que subrayó la importancia fundamental de la comunicación no verbal fue Charles Darwin, en su notable libro The Expression of the Emotions in Man and Animals, que debe considerarse un texto básico de la psicología y la etología. Deseo incluir una cita breve de lo que de lo que dijo Darwin, porque ello ayudará a establecer el marco de referencia para el trabajo que describiré.

Los movimientos expresivos del rostro y el cuerpo tienen gran importancia para nuestro bienestar. Son los primeros medios de comunicación entre la madre y su niño; ella sonríe -con aprobación o frunce el ceño desaprobando, y así alienta al niño a tomar la senda correcta... Los movimientos expresivos dan vivacidad y energía a las palabras pronunciadas; pueden revelar -y a menudo revelan- los pensamientos con más sinceridad que las palabras, que pueden ser falseadas. La expresión' libre de una emoción se intensifica por medio de signos externos. Poniendo a las personas en actitudes apropiadas, es posible generar pasiones. Por otro lado, la represión de todos sus signos exteriores suaviza nuestra emoción. I

 Esto fue escrito en 1872, un cuarto de siglo antes de que Freud empezara a descifrar el inconsciente. En la historia temprana del psicoanálisis hay muchas pruebas de que Freud había descubierto el principio fundamental que Darwin bosquejó en el pasaje citado. Por ejemplo, Freud reconoció muy pronto que recordar experiencias infantiles olvidadas no tenía ningún efecto curativo a menos que también se recobrara la emoción enterrada. Mediante sus técnicas verbales trataba de alentar los recuerdos afectivos, pero muchos pacientes parecían incapaces de experimentar sus emociones largo tiempo contenidas. Algo parecía interponerse en el camino. En la terminología freudiana se habla de "resistencia" a la curación: la resistencia a enfrentar lo que un amigo mío denomina "la crisis suprema de ser ayudado".

Wilhelm Reich, uno de los primeros estudiosos del marco de referencia psicoanalítico, fue quien empezó a comprender cuál era el obstáculo. Reich es bien conocido por su libro clásico Character Analysis, en el cual proporcionó el primer mapa detallado de los elaborados sistemas de defensa que construyen los pacientes neuróticos para protegerse del mundo exterior y del impacto de sus propios sentimientos. Pero no quedó satisfecho con esa importante comprensión del funcionamiento de la personalidad neurótica, y desarrolló la teoría bioenergética. Después fue mucho más lejos. Desde 1935 realizó una cuidadosa investigación de las tensiones musculares de sus pacientes.

Es cierto que, independientemente de Reich, autores como Jacobsen y Schulze habían publicado libros sobre sistemas de relajación. Rudolf Laban, asimismo, había creado un sistema completo de movimientos expresivos que revitalizó la enseñanza de la danza, del ritmo en el trabajo y los principios de la educación física en las escuelas. En 1966 el Instituto Laban convocó a su primera conferencia sobre "el movimiento como terapia" (Senate House, Londres) en la cual se exploró la posibilidad de utilizar la terapia del movimiento con niños y adultos emocionalmente perturbados.

El abordaje de Reich era más profundo y dinámico, precisamente por su orientación psiquiátrica. A Reich le preocupaba el hecho de que sus pacientes se comportaran como si estuvieran medio muertos, con su funcionamiento normal bloqueado en todos los niveles. Advirtió que tenían problemas sexuales, que en el trabajo sus procesos corporales carecían de ritmo, y que respiraban sin coordinación. En otras palabras, Reich comenzó a estudiar y abordar a sus pacientes como lo había propugnado Darwin, considerándolos primero y principalmente organismos en cuyas dificultades neuróticas estaba involucrada su conducta total.

El abordaje terapéutico de Reich fue poco comprendido porque las escuelas terapéuticas de la época no tenían cómo orientarse con este marco de referencia. La etología, el estudio sistemático del carácter humano, había surgido muy poco antes. La mente era todavía considerada una especie de compartimiento separado del cuerpo. El énfasis de Reich en la expresión corporal divergía tanto de muchas de las prácticas prevalecientes de los otros analistas que se le vió como una herejía excéntrica; muchos pensaron que Reich iba por mal camino.

En este punto desearía referirme brevemente a las cuatro personas que más han hecho por seguir desarrollando el sistema terapéutico de Reich, por enseñado y preparar a otras personas para que 10 apliquen. En Escandinavia, donde Reich trabajó inicialmente, el doctor Ola Raknes utilizó esta forma de terapia durante más de 35 años. 5 La doctora Nic Waal, que ocupó muchas posiciones destacadas en psiquiatría en Noruega y Dinamarca; y fue también directora del Institut for Psykiatri de Oslo, se formó con el propio Reich y, a su turno, entrenó a muchos grupos en este enfoque bioenergético. Uno de los múltiples vástagos de su trabajo es la escuela de “terapistas del movimiento", que en los hospitales psiquiátricos de Holanda están tratando a psicóticos severamente perturbados."

De Escandinavia, Reich pasó a Estados Unidos donde el doctor Elsworth Baker ha formado a toda una generación de terapeutas jóvenes en los métodos que aprendió de Reich. Finalmente, el doctor Alexander Lowen ha ampliado y desarrollado el trabajo de Reich, en muchos sentidos radicalmente, y es el fundador del Instituto de Análisis bioenergético de Nueva York. A través de su influencia, el conocimiento de los principios y la práctica bioenergéticos se ha difundido ampliamente en Estados Unidos y otras partes.

Llamamos "bioenergéticas" a esas terapias porque abordan reacciones emocionales poderosas. Es bien conocida la capacidad que tienen las emociones para movilizar o paralizar el cuerpo. Además puede decirse que, sin excepciones, un neurótico o un psicótico han perdido una parte de la gama total de las expresiones emocionales humanas. Han perdido, o nunca desarrollaron, ciertos movimientos que puede hacer el niño sano. En alguna medida está perturbada la motilidad. Una neurosis equivale entonces a un sistema de bloqueos que impiden el libre flujo de los sentimientos a través del cuerpo. La meta de la terapia bioenergética es superar esos bloqueos y restituir el libre flujo.

Antes de describir detalladamente algunos de los bloqueos sobre los que hablaremos, y los medios empleados para removerlos, debo dejar en claro que en esta obra definimos la emoción como "moción o movimiento hacia afuera". En este sentido constituye una expresión fundamental de' todas las formas de vida. Incluso los animales unicelulares presentan una función simple de expansión y contracción del protoplasma en respuesta a estímulos.

Esa función simple podría considerarse el prototipo de lo que en los animales superiores reconocemos como una extensión hacia el medio cuando se prevé un goce, o como un repliegue doloroso ante situaciones desagradables. En el caso de las reacciones protoplásmicas, el término "flujo" tiene un significado literal. En los organismos superiores, los procesos de expansión y contracción son mediados por las dos ramas del sistema nervioso autónomo, cuyos impulsos pasan a los órganos y músculos del cuerpo. Esos impulsos regulan el metabolismo energético del cuerpo y controlan funciones básicas tales como la circulación y los latidos cardíacos, los procesos digestivos, la respiración, la sexualidad y el orgasmo. En un estado de salud, o de funcionamiento maduro, todos esos procesos se producen rítmicamente. Los seres humanos, que pueden verbalizar sus emociones, describen como agradable la experiencia de tales procesos rítmicos. En todas las neurosis y psicosis esos procesos rítmicos de libre flujo están considerablemente perturbados.

Si un animal es amenazado por algún hecho u objeto de su ambiente, aparece un estado de tensión y reacciona a la amenaza como a una emergencia. Cuando el cuerpo es movilizado por el sistema nervioso para enfrentar las emergencias, por lo común hay dos reacciones posibles, que son en síntesis las de "lucha" y "fuga". Si el animal se zafa de lo que amenazaba, sea atacándolo o huyendo, ha logrado manejar la emergencia con éxito, y puede volver a su estado rítmico normal. La perturbación es temporaria y aguda. La excepción se presenta en ciertos animales domésticos o de laboratorio, sometidos a un tratamiento humano (tal vez deberíamos decir inhumano) que los mantiene permanentemente en situaciones en las que no pueden ni atacar ni escapar. Esos animales se neurotizan y presentan síntomas psicosomáticos; es el caso de las úlceras desarrolladas por monos repetidamente colocados en situaciones de estrés que ellos no pueden evitar.

En el caso de la existencia humana, vemos que casi todas las personas mal adaptadas viven como en un estado permanente de emergencia. Los estados de tensión, y la hiperactividad del sistema nervioso simpático que los mantiene, se han vuelto crónicos. En este punto encontramos que los procesos normales de autorregulación han dejado de funcionar, y se necesitan estímulos o ayuda externa. El único modo de restituirles a las personas la aptitud para encarar su ambiente de modo racional y sano consiste en disolver los bloqueos para un libre flujo.

Lo que esos sujetos necesitan, más que ninguna otra cosa, es relajarse, precisamente lo que no pueden hacer. Si a quienes durante años han encapsulado sus sentimientos de (digamos) rabia les pedimos que se relajen no pueden hacerlo. Tienen que abroquelarse para contener su ira. Si un niño no puede liberar tensiones de estrés inevitable mediante el llanto, debe seguir en tensión como si subsistiera el estado de emergencia. En cambio, si puede llorar, el estrés es más soportable.

En la terapia bioenergética se ayuda a los pacientes a experimentar su rabia, su tristeza, su ansiedad y sus anhelos subyacentes, y a expresados en las sesiones del modo más completo posible. Sólo después de que el cuerpo ha cedido a sus impulsos bloqueados puede empezar a recuperar una verdadera capacidad para la alegría y para un funcionamiento vital rítmico y agradable. Para la terapia somática es esencial comprender de qué modo comienza y se refuerza un estado de tensión hasta constituirse en una situación crónica imposible de liberar. Esta comprensión, que surge esencialmente de la propia experiencia, elimina toda forma de lastre neurótico y por lo tanto es un prerrequisito necesario y deseable para ser terapeuta.


 
 
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