LO VISTO Y LO NO VISTO - Sección por: Francisco Ardiles.

El Aviador, Martin Scorsese.
Martin Scorsese se ha caracterizado por rescatar de las galerías del olvido esos personajes que tuvieron una predominante influencia en la cultura de su país y fueron desechados y perseguidos por herejes. Las cintas de Martin reflejan la amargura de aquellos pequeños dioses que se vieron en la cima de sus ambiciones y que luego son testigos paso a paso de su ocaso definitivo, De Niro en Casino , en su vida sentimental Day Lewis en Age of Innocence y Nick Nolte en Cape Fear . Scorsese ha dicho: “ Me gusta crear personajes como Travis Brickle, Jake La Motta o los de Joe Pesci y Robert De Niro en Buenos muchachos, porque me interesa ver hasta donde pueden autodestruirse. Es interesante cómo la cosa empieza a volvérseles en su contra después de un tiempo, ya se trate de andar disparándole a la gente por la calle o discutiendo a los gritos en la casa. Cómo llegan a un punto de no retorno en el que todo explota y se quedan solos”.
A Martin Scorsese le fascinan narrar las vidas de esos hombres prometeicos que de una u otra manera desafiando al poder se destruyen a sí mismos. En Toro Salvaje cuenta la historia de un boxeador que llegó a ganar el campeonato mundial sin la ayuda de las mafias italianas que explotaban a los púgiles con talento en la década de los cincuenta. En Buenos Muchachos explica la postura existencial de un mafioso que pudo sobrevivir al mundo de los ganters. En Casino se cuela por los pormenores más íntimos de la vida de esos hombres que hicieron de las vegas el emporio que hoy en día, todos conocemos.
En todas sus películas estos antihéroes anónimos cuentan o interpretan sus historias de gloria y decadencia. De las tragedias de estos personajes no hace melodramas porque no los eleva a un pedestal sagrado sino que los presenta con todas sus miserias. Jack la Motta es un rebelde con causa pero un rebelde sin escrúpulos, con hábitos irregulares y una violencia desenfrenada que sobrepasa los límites del ring. El malo de la calle de Buenos Muchachos , Ray lyota, es un mafioso con principios, que ha cae en el error de involucrar a toda su familia en el negocio de los estupefacientes. El psicotaxista (Robert de Niro) que exhibe en Taxi Driver es un hombre oscuro y torturado por sus miedos infantiles; el encargado del más importante casino de las Vegas es infalible en su trabajo pero comete la debilidad de caer en los brazos de una mujer que lo martiriza sin remedio. Todos ellos se rebelan ante lo grande y salen con la frente en alta, pero se tropiezan con lo más pequeño. Por eso no son melodramáticos, por eso se salvan del olvido y los recordamos como héroes, derrotados al fin, convencionales y hasta prosaicos pero héroes.
En Aviador , su última película, Scorsese escogió a Leonardo Di Caprio para interpretar la vida del divino derrotado, perseguido y excéntrico Howard Hughes. Dice Edgar Morin en su hermoso libro, El cine o el hombre imaginario , que el siglo veinte empezó con dos extraordinarios descubrimientos, el cine y el avión. Bueno esta película habla de un hombre que hizo cine y aviones, un hombre de negocios que lo tuvo todo y lo perdió todo también. Este aviador fue rebelde, imprudente, obstinado y loco pero también maravilloso. Howard Hughes fue adorado por las mujeres más bellas de los años treinta y cuarenta, fue odiado por los empresarios que se cruzaron en su camino, fue admirado, incomprendido y vilipendiado. Fue una especie de Icaro Moderno. No tuvo consideraciones con nadie y no las recibió de nadie tampoco, no permitió que se le acercaran más allá de sus pruritos personales y terminó sólo y en bancarrota. Orson Welles dejó bien claro en 1941 que todo tiene un precio y que el poder acaba pasando factura. Scorsese nos da cuenta de este pase de factura en la historia de este millonario que poseía un especial ingenio. Su película se centra en los veinte años más importantes de la vida de este mecenas de la modernidad que redimensionó la industria aeronáutica y la del cine de 1927 a 1947.
Para abordar esa parte de la biografía de Howard Hughes, Martín Scorsese no se limitó a mostrar su faceta como director de cine, lo que hubiera sido la opción más agradecida, sino que también redondeó el relato con su faceta pública, sus tormentos personales y su crisis vital. La historia que construye Scorsese más que buena es interesante. Comienza con un glamour facilista que ha medida que pasan las escenas se va adquiriendo complejidad, gracias a una serie de secuencias que van describiendo la aparición de una patología mental dolorosa y angustiante que después sería irreversible. A medida que las cuerdas de la razón de Hughes empiezan a ceder al peso de las obsesiones las imágenes de la cinta se vuelven terribles y alucinantes.
El aviador se desarrolle en la época dorada del clasicismo hollywoodiense, lo cual es suficiente motivo para que Scorsese construya su particular homenaje al período. Eso lo hace de manera tanto efectista como magistral. La Edición de este trabajo se nota impecable y la música es maravillosa. Howard Shore ( el mismo que ha compuesto las bandas sonoras de las películas más significativas de Fincher y Conemberg) armó una banda sonora que sin duda va a quedar en la memoria de muchos. El único lado flojo que pude observar en este trabajo tiene que ver con el reparto actoral, pues se quedó corto. Se desaprovechó personajes tan interesantes como el de John C. Reilly o Alec Baldwin, al dibujarlos ramplonamente. Otros excelentes actores que encarnaban figuras de la época más que atractivas, quedaron como evaporados en el aire porque sus personajes no aportan nada significativo a la trama, por una evidente falta de profundidad sicológica. Me refiero concretamente al vacío Errol Flynn interpretado por Jude Law, al anodino Roland Sweet de Willem Dafoe y a la insípida Ava Gardner de Kate Beckinsale.