Dramateatro Revista Digital 2007
Edición #21 Año 2007 Primer Cuatrimestre
Mayo - Agosto

 

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ENTREVISTAS

 

LA LECCIÓN DE PETER BROOK
El director de escena más importante del mundo anglosajón sienta cátedra en su libro 'Hilos de Tiempo'

POR: ANTONIO LORENZO

"Los directores nos autonombramos. Llegas al teatro y les dices a los demás que tú les diriges. Es suficiente con que se lo crean". Y vaya que si se lo creen, especialmente si quien ordena y manda se llama Peter Brook. El director de escena más prestigioso del último medio siglo no necesita artificios para explicar su oficio. Abre la boca y los demás se empapan con cada frase.

A Brook le gusta contar que se dedicó al teatro por la sencilla razón de que es mucho más barato que el cine ("bastaba con tener un grupo de actores amigos", dice). Ya ha cumplido 75 años y mantiene la misma energía con la que a los 18 años se ganó el apelativo de enfant terrible. Cuando no tenía ni barba, bastaba una mirada suya para bajar los humos a divos de la escena como Laurence Olivier, Jeanne Moreau o Glenda Jackson. También tuvo devaneos laborales con ilustres como Dalí, Bretch o Marguerite Duras. En su currículo hay sitio para más de 60 producciones, todas ellas trufadas por la lucidez, sencillez y precisión. Sus últimos trabajos se pudieron aplaudir hace tres meses, con el montaje Le costume (El traje), estrenado el 10 de noviembre en el Festival Temporada Alta 2000 de Girona. Dos semanas más tarde, Brook dirigió Hamlet en el festival d'Automne de París, justo las mismas fechas en las que presentaba su autobiografía Hilos de Tiempo (editorial Siruela).

Cuando una leyenda viva redacta sus memorias corre el riesgo de pecar de vanidad y desembocar en un banquete de citas, nombres, sucesos y anécdotas indigestas para el profano. Pero ese no es el caso de Brook. El maestro no pierde el norte cuando hace inventario de cicatrices delante del teclado de un ordenador. Sabe que ningún gran artista es aburrido y, por eso, engatusa al lector desde que se levanta el telón de la primera página. El secreto es común para todas las artes: el ritmo. Y ya está.

Los que vayan buscando tajada en el libro se saciarán enseguida. Brook es viejo y sabio desde que vio la luz de Londres en 1925. "A un director le lleva mucho tiempo dejar de pensar en el resultado que desea y concentrarse, en su lugar, en descubrir a fuente de energía de la que al actor le pueden brotar impulsos verdaderos. Si uno describe o marca el resultado que está buscando, un actor lo puede reproducir por un momento. No obstante, para ser capaz de hacer lo mismo una segunda vez con suficiente energía, el actor o la actriz tienen que tener tal convicción que el impulso se les haga auténticamente propio. Invariablemente, para los actores, ese sentido de la convicción procede de su propio sentido interno de la realidad, no de la obediencia a las ideas de un director".
Brook tenía claro que nunca podría enseñar a un actor su oficio. "Los actores estaban allí para interpretar, el escritor para escribir, y el director para llevar a un público sus cuadros, su energía, sus sorpresas, sus sonidos". En Hilos de Tiempo, el autor regala sus trucos, ventila sus reflexiones y patea todos los dogmas con la suficiencia de quien se agacha para tocar el techo.

Brook es un mago que tiene muchas cosas que decir. Entre ellas, aparece la confidencia que Samuel Beckett le regaló. "Me confesó una vez que para él, una función era un barco que zozobra no lejos de la costa mientras el público mira, sin poder hacer nada desde los acantilados, cómo se hunden los gesticulantes pasajeros". Para Brook, la imagen del teatro es la de poder contar una historia, encontrándose al espectador en su propio terreno, tomándolo de la mano y echando a andar para realizar juntos una exploración. Quizá por eso, Brook acaba sus memorias de esta manera: "En un pueblo africano, cuando un contador de historias llega la final de su cuento, pone la palma de la mano en el suelo y dice: "Aquí dejo mi historia". Y luego añade. "Para que otro la pueda recoger otro día".

(El libro Hilos de Tiempo, de Peter Brook, está editado por Siruela. Salió a la venta en noviembre de 2000, tiene 288 páginas y cuesta 3.500 pesetas.

 

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