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dramateatro revista digital - número 14 /cuarto año - ENERO/MARZO 2005
revista de investigación y creación teatral
República Bolivariana de Venezuela

Maracay, Estado Aragua

PRIMERA REVISTA DIGITAL DE TEATRO EN VENEZUELA


Festival de Teatro en Nueva York

Alejandro Varderi

Brooklyn Academy of Music (BAM) ha traído, en esta edición del Next Wave Festival, espectáculos que desde múltiples perspectivas nos acercan a las tendencias más recientes del teatro contemporáneo. Nuevas obras y novedosas producciones de obras clásicas y modernas se han dado cita en el otoño neoyorkino.

Entre ellas Othello de William Shakespeare, con una dinámica puesta en escena del grupo londinense Cheek by Jowl, ya familiar para la audiencia de BAM desde su debut en 1994 con As You Like It , donde todos los papeles eran interpretados por hombres. En Othello la singularidad ha venido dada por el rimo frenético con que los caracteres actúan el encadenamiento de rivalidades, traiciones, posesiones y celos hasta el clímax destructor. Ello transformando lo claustrofóbico de esta tragedia en un remolino de eventos, que el excelente trabajo actoral contrapuntea exitosamente manteniendo la tensión a lo largo de la obra.

El escenario desnudo, con la excepción de cuatro baúles del tamaño de ataúdes que se transformaban en mesas, sillas o camas, y una iluminación dada a resaltar los cuerpos emergiendo de la oscuridad, centraron a la audiencia en los caracteres, siempre sobre las tablas aun cuando no estuvieran actuando. Esta estrategia desvió la atención hacia lo colectivo, y contribuyó a individualizar para el espectador ciertos momentos de la obra. Uno de ellos, a mi entender el más perturbador, es aquel donde Othello, por las intrigas de Iago, empieza a creer en la traición de Desdemona. Un pensamiento que “como un mineral venenoso” le corroe las entrañas, y Othello puntúa con un grito gutural puesto a enfatizar la posibilidad de que el mismo veneno se encuentre en cualquiera de nosotros.

De manera similar Nora (A Doll's House) de Henrik Ibsen, en producción del Schaubuhne de Berlín, histeriza la relación entre Nora y Torvald, hasta el clímax final en que ella lo mata en lugar de abandonarlo. Esta desviación tan radical del texto de Ibsen altera completamente el lugar de Nora en el estamento social, al condenarla en lugar de liberarla. Thomas Ostermeier, el joven director alemán, comentaba que su propósito era producir en el espectador una conmoción similar a la que tuvo el final de la obra 125 años atrás.

Tal actualización se trasladó a la producción en su totalidad, al presentarnos a una joven familia acomodada del nuevo milenio viviendo en una casa modernista, y adicta a los videojuegos y la música tecno. De hecho en el tercer acto Nora, para seducir a su marido, se disfraza de Lara Croft –la heroina virtual- aludiendo así a las protagonistas de films como Tomb Raider , Charlie's Angels y Kill Bill , que ficcionalizan la superioridad de la mujer al otorgarle un poder que en realidad no tiene.

Destacó sin embargo la empatía de los actores para sostener la tensión dramática y su integración al espacio escénico, que rotaba sobre sí mismo a fin de mostrarnos la casa desde distintos ángulos. Proyecciones con fotografías de los hijos de Nora y Torvald sobre las paredes constituyeron el subtexto de las obligaciones, culpas y chantaje emocional que tan agudamente desarrolla la obra. Recurso este que el director trajo a colación haciendo quizás un guiño a la primera producción alemana, en 1880, donde la actriz se negó a actuar la última escena diciendo que ella nunca hubiera abandonado a sus hijos. Esto llevó a Ibsen a escribir un final alternativo en el cual Nora se quedaba para no dejarlos, sacrificando así su propia independencia.

Otra inquietante obra ha sido The Dybbuk en producción del Teatr Rozmaitosci de Varsovia. Aquí la historia, basada en el folklore polaco-judío, se centró en un espíritu –el dybbuk– que se apropia de un cuerpo para seguir viviendo. Una alegoría que remite a los espíritus del holocausto del pasado siglo, pero que su director Krysztof Warlikowski recupera para este nuevo milenio signado por la intolerancia étnico-religiosa. En tal sentido recordamos lo profético de la producción que la coreógrafa norteamericana Anna Sokolow y el venezolano Elías Pérez Borjas trajeron a El Nuevo Grupo de Caracas en los años ochenta.

La obra de BAM ha incorporado además las nuevas tecnologías, utilizando pantallas móviles donde se proyectaron imágenes de animales fantásticos extraidos de las leyendas populares centroeuropeas, y reflejadas también sobre los cuerpos desnudos de los actores pasando ante ellas. Se buscaba así enfatizar los rasgos humanos de la pieza en lugar de los metafísicos. Tal cual el director apuntaba: “Mi interés no reside en la espiritualidad del hombre en torno a Dios, sino en torno al hombre mismo, para profundizar en el carácter místico de las relaciones humanas marcadas por el sufrimiento”.

Y este estamento es justamente el que Robert Wilson y Bernice Johnson Reagon han desarrollado con The Temptation of St. Anthony , basada en un texto de Gustav Flaubert. Las tentaciones del santo conforman el sustrato de esta producción, que unió el trabajo vocal de Reagon con la puesta en escena de Wilson, es decir, el tradicionalismo de la música evangélica negra norteamericana y el minimalismo teatral contemporáneo. Una combinación en apariencia incongruente, pero que funcionó al haber encontrado los dos creadores un espacio intermedio donde ambos cedieron y ganaron.

Un banco a cada lado del escenario donde se sentó el coro y un mesón en el centro como todo mobiliario, enmarcaron la batalla entre lo espiritual y lo terrenal de San Antonio, que Reagon traspuso a la lucha siempre renovada por sus derechos, de la población de color en los Estados Unidos. Wilson creó una extraordinaria ambientación al bañar el escenario de una luz que fue pasando por toda la gama del arcoiris para adaptarse a los cambios melódicos y dramáticos. La compleja experiencia visual y auditiva no opacó sin embargo la actuación de Carl Hannock Rux: cantante, actor y bailarín afroamericano que sostuvo exitosamente la tensión entre misticismo y erotismo subyacentes en el texto de Flaubert.

El choque, producto de los obstáculos para llegar a un entendimiento entre dos culturas es el propósito de A Passage to India , adaptación de la novela de E. M. Forster por parte del grupo londinense Shared Experience . El enfrentamiento entre colonizadores y colonizados, el racismo del imperio británico, el poder transformador del induísmo son algunos de los temas que exploró la obra. Ello contando con un enérgico y polifacético trabajo actoral, al transformarse los mismos personajes en ingleses o indúes sobre la escena, con rápidos cambios de vestuario. Igualmente, las variaciones en la escenografía se realizaron con ingeniosos paneles, también sobre el escenario, con lo cual cada cuadro parecía fundirse en el siguiente como si de una película se tratara.

La influencia de las técnicas cinematográficas se apreció también en la iluminación, la banda sonora y la música en vivo, puestas a ambientar las escenas y marcar las transiciones de un cuadro a otro. La directora alteró asimismo el punto de vista de la novela al mostrarnos la historia desde la perspectiva hindú, con lo cual pudimos apreciar más claramente el complejo sistema de castas que divide socialmente a la población de la India aún en la actualidad.

Para celebrar el vigésimo aniversario de su debut en BAM Pina Bausch mostró uno de sus trabajos más recientes: For the Children of Yesterday, Today and Tomorrow , que recuperó las memorias infantiles y su influencia en los distintos estadios del vivir.

En este espectáculo de danza-teatro la artista alemana presentó diferentes cuadros combinando ambos medios, dentro de un espacio simulando una habitación que se expandía o reducía dependiendo de la colocación de los paneles. Ello como una posible alusión al cuento de Lewis Carroll sobre Alicia, si bien Bausch comentó que se había inspirado en fábulas indígenas norteamericanas.

La construcción de castillos de arena, el juego del escondite, las peleas con agua, los graffitis, el salto de la cuerda, las competencias en el jardín de infancia, fueron transformados y deconstruidos con humor e ironía; constituyéndose así esta pieza, según la misma Pina Bausch, en “una recuperación de momentos de nuestra niñez que habíamos dejado atrás para olvidar, aun cuando sólo fuera por un instante, nuestros miedos actuales”.

De hecho For the Children fue su primer trabajo, tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 en suelo norteamericano, y como sus piezas anteriores lo confesional a través del gesto, la palabra y el movimiento, generaron un vínculo muy directo con el público. El uso de recursos como hablar con la audiencia, y acercarse los artistas a algunos espectadores para hacerles partícipes de la acción, involucró activamente a los asistentes, al tiempo que los enfrentó con sus propias fantasías y temores. Otra manera de hacernos reflexionar acerca de la fragilidad de la vida y de nuestro lugar en el tiempo, cual denominador común de todas estas producciones que el Next Wave Festival ha brindado a la ciudad una vez más.