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dramateatro revista digital - número 12 /tercer año - Mayo/Agosto 2004
revista de investigación y creación teatral
República Bolivariana de Venezuela

Maracay, Estado Aragua

PRIMERA REVISTA DIGITAL DE TEATRO EN VENEZUELA

LA ILUSIÓN DE LO QUE NO ES
una explicación del teatro de Antonín Artaud
Cristina Badenas,. 1999

A propósito del Artículo de Cristina sobre Artaud y la locura poética.

He entrañado estas palabras para ver si ese sujeto-objeto artaudiano, está en camino de re-encontrar un centro o de descentralizarse en el universo de la post(-t)modernidad. Y es que cuando al fin y al cabo Heidegger había encontrado un sujeto en la racionalidad que se inspira en una metafísica aristotélica, viene este señor de Artaud y patapúfete le descontrola la unidad de aquello que el racionalismo llamaría metáfora. Las implicaciones que me llevan a escribir sobre Artaud y Heidegger, no se ubican por un espacio histórico de sus comunidades. Muy al contrario cada uno tiene su propia sangría, su propia marginalidad. Pero es que nuestra amiga Cristina me ha suscitado una suerte de evocación al citar a Derrida con el asunto de la locura poética y la palabra de Artaud, porque en términos del teatro entendido en el más puro sentido Artaudiano tanto la metáfora como la crueldad se encuentran reseñadas en un gesto que se descentra de la mirada racional del yo. Nos referimos al Grito. El grito como signo de un camino desgarrado por la mirada onírica de la vida, por una experiencia contraria a la fe del materialismo sobre los sucesos históricos. Me explico mejor. En aquel hermoso libro que escribiera Derrida, titulado "La deconstrucción en las fronteras de la filosofía" de Editorial Paidós en la colección Pensamiento Contemporáneo 2 hay un capítulo titulado "La retirada de la metáfora" en relación con el problema metafísico del yo, y del sujeto, (el sujeto no es el centro de la historia, no es su protagonista:Foucault) pero Heidegger escribiría un texto intitulado "Ser, verdad y fundamento" que compartiera un acérrima contundencia a favor de un hombre sólido, y no aquellas metáfora judeocristiana "polvo eres y en polvo te convertirás" La metafísica de Heidegger aspira a una naturaleza que sea más fuerte que el objeto. En este sentido la dureza del yo artaudiano, y de su teatro de la crueldad apuesta, construye una figura dislocada de la metafísica y de la naturaleza, ahora la visión y la correspondencia con los sentidos están trastocados por el sueño y por la libertad que se reseñan en su teatro alquímico en el teatro y su doble y finalmente en el teatro de la crueldad . A partir de Artaud, Derrida, Heidegger, uno puede preguntarse sobre que caminos o sobre que espíritu aparece la metáfora. Qué es la metáfora. Derrida aduce "nada es más metafórico que el valor del sujeto". La polismeia de la metáfora, la polisemia del teatro, la polisemiea de arte, la polisemia de ser. El sujeto según Derrida es la metáfora en sí. El sujeto según Heidegger es el objeto sólido y central de la historia. Artaud desparrama al sujeto en el mundo de la crueldad. Heidegger busca una revitalización de los problemas ontológicos regresa al cánon griego de esa ontología, también de esa metafísica y se devuelve a una perspectiva vista desde la modernidad. El texto Heideggeriano es un texto de carácter elíptico; el texto artaudiano es un texto central. El texto heideggeriano no trata de eludir la metáfora cuando se trata, y en esto queremos ser enfáticos, de hallar la centralidad del ser y de la razón. Razón y ser no caben en el mito de la locura, razón y ser no caben en el mito del Grito, recordemos a Munch, razón y ser no caben el mito de la crueldad, razón y ser no caben en el mito de Dios. Heidegger presume un neo-aristotelimo que pretende trascender, aún en un tiempo en que la racionalidad no tiene ya espacio para la trascendencia. No es casualidad que Artaud se conjura al mundo interior, al universo de extracto Junguiano. Entonces Heidegger trata en esa trascendencia multiplicar, duplicar al yo como la propia naturaleza de los objetos, al yo como la propia naturaleza de los sujetos. En el caso artaudiano la metáfora trasciende la descentralización del sujeto y del yo, sucede, se ejecuta en ese yo (que no es ya tan yo) una transvaloración. El sujeto artaudiano, que no existe, de ninguna forma, ni siquiera en los sueños calcula la transposición del entorno. Es por eso que para la crueldad, para el teatro, para Artaud mismo el sujeto ya está transformado en la metáfora. No hay diferencia entre metáfora y sujeto, no hay diferencia entre metáfora y objeto. En el caso de Heidegger citado por el propio Derrida, que está enunciando la deconstrucción de la metáfora: "lo metafórico sólo se da dentro de la metafísica". Esta metafísica expresa el valor de la naturaleza de los objetos. En Artaud el problema resulta complejo pues no toma a los objetos en su propia susbtanciación, sino que les remite a una extrapolarización de los términos, la metáfora Artaudiana se consigna a través de múltiples plantillas colocadas unas osbre otras y atravesadas por un eje vertical. En Heidegger esta transversalidad del yo y del sujeto (dos metafísicas absolutamente distintas) nunca llegan a relacionarse, para Heidegger la naturaleza del sujeto, léase naturaleza como metafísica y la naturaleza del yo léase también naturaleza como metafísica propenden a una división hecha sólo en el campo de la razón. Artaud Grita, Masculla en lo Órganos, en la Centrifugacidad de las entrañas, un ser puramente orgánico sin racionalidad y también sin irracionalidad, una fugacidad absoluta un ser construído por su opacidad. Heidegger cree en un yo tan sólido que no habla, que no dice nada. A todo esto yo pregunto y la metáfora dónde, y la metáfora cuando y la metáfora qué.

LA LOCURA POÉTICA La locura poética, dice Derrida a propósito de Artaud, quizás sea más racional que lo que la metafísica occidental llama Razón, porque está más cerca de lo instintivo y mantiene un tipo de relación - aunque difícil de explicar - con la fuerza de la vida y, por continuidad, se posiciona como productora o generadora de la obra literaria o poética. Los universos personales tienden a ser poblados por figuras y mitos que asumen carnaduras y fundiciones de difícil predicción, representaciones de lo reprimido. Sontag ha propuesto a Artaud ("Acercamiento a Artaud", Bajo el signo de Saturno) como la figura más significativa del artista subyugado, "víctima de su conciencia". Nadie -afirma- ha representado de un modo tan riguroso y detallado "la microestructura del dolor mental" y nadie ha sido tan consciente, por tanto, de la falsificación de la literatura en cuanto que el dolor se convierte en energía, en benigna obra de arte. Artaud ofrece a Sontag el ejemplo extremo de una negación absoluta del dualismo, ya no entendido éste como una oposición entre interior/exterior o sueño/vigilia, entre objeto/imagen o entre forma/contenido; sino en el sentido de que la propia conciencia es material, carnal y, evidentemente, la literatura tampoco puede entenderse como un elemento separado de esa continuidad única. El teatro de Artaud va, pues, dirigido a la "existencia total", niega cualquier vacío entre realidad y representación, trata de "remediar la escisión ente lenguaje y carne", cualquier escisión o quiebra entre mente, cuerpo y lenguaje. "Siendo una especie de cirugía emocional y moral sobre la conciencia", explica Sontag, el teatro de Artaud necesariamente tiene que ser cruel.Pero la imagen médica, es sabido, ya está en el mismo Artaud, para quien el teatro de la crueldad es la peste . Sontag anota cuidadosamente las metáforas de Artaud, quien se consideraba como un médico de la cultura (expresión de Nietzsche que también repite Sontag) y a él mismo como "su paciente más dolorosamente enfermo". Artaud concibe el teatro como un tratamiento de electrochoque, una terapia social que renueva "el sentido de la vida" y despierta a la "gente muerta".El camino de Artaud -hasta el abismo- termina necesariamente en la imposibilidad final. Intentar abolir todo dualismo con la intensidad mística de Artaud lleva, dice Sontag, a la locura, al silencio o al suicidio; el proyecto trasciende lo posible. La locura de Artaud ("lo que la sociedad llama locura", o sea, el electrochoque) resulta la consecuencia lógica de un compromiso radical con la individualidad, y esto es siempre antisocial, irreconciliable con cualquier humanismo. El mérito de Artaud es el rompimiento con el tiempo cronológico, al remitirnos al tiempo mítico a través de la recreación del elemento originario del teatro: el rito. En esta propuesta la caravana de color y la plasticidad del elenco nos retornan al mito y a la magia, enajenándonos de los problemas contingentes, de un lenguaje coloquial y permitiendo que lo onírico se haga realidad, que las máscaras y los zancos al compás de la música deleiten al espectador y lo sumerjan en un universo festivo a diferencia del silencio y la muerte..

Bibliografía:
DERRIDA, Jacques. LA ESCRITURA Y LA DIFERENCIA. Barcelona, Anthropos, 1989
GUSDORF, Georges. MITO Y METAFÍSICA. Editorial Nova. Buenos Aires. Argentina
MIGNON, Paul Louis. HISTORIA DEL TEATRO COMTEMPORÁNEO. Ediciones Guadarrama, Madrid 1973. España.
SONTAG, Susan "Notas sobre lo camp" (1964) en Contra la interpretación, Barcelona, Seix Barral, 1984
SONTAG, Susan "Una cultura y la nueva sensibilidad", en Contra la interpretación. Angel Martín,
"Es una pena que la gente trate de despreciar y reprimir la pasión", en La voz de Asturias, Oviedo, 22-VI-95.

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