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dramateatro revista digital - número 12 /tercer año - Mayo/Agosto 2004
PRIMERA REVISTA DIGITAL DE TEATRO EN VENEZUELA
revista de investigación y creación teatral
República Bolivariana de Venezuela
Maracay, Estado AraguaLA IDEA CONCEPTUAL O EL PENSAMIENTO DEL AUTOR
Edilio Peña.
El planeta de la obra teatral contiene un pensamiento. El cual se fragua en varias instancias. Uno, el que posee el autor antes de decidirse a escribir la obra ; dos, el que emerge en el proceso de escritura de la obra ; tres, una vez escrita la obra se apertura un pensamiento, no como un dogma, más bien como un abanico de relativas afirmaciones que instrumentan la existencia de los personajes. Este último, es un pensamiento dirigido a la percepción sensitiva y secreta del lector o del futuro espectador, así dicho pensamiento haya sido expuesto desde el instrumental verbal de la razón lógica.
El mismo autor, se sorprende ante las nuevas concepciones contenidas en su producto artístico final : la obra teatral. El autor de teatro va al ejercicio de la escritura, movilizado por un pensamiento expresado en dos planos : uno consciente ; y otro, inconsciente. El primero corresponde al de su socialización ; el segundo, al de su ontologización. La resultante de la fusión de ambos planos de pensamiento, junto con la química de la imaginación, terminará por provocar visiones distintas y novedosas de la realidad y de la propia ficción, hasta concluir en un pensamiento que posteriormente habrá de regresar "purificado" y como otro ; no de manera racionalmente explícita, más bien, desde la representación misma como perspectiva de tribuna, donde lo verbal se sumará a la composición (escenografía, objetos, vestuario, luces, actuación, dirección, el todo ), hasta llegar a ser la imagen potencial del teatro.
El pensamiento del autor, se concibe como parte de una formación ideológica o filosófica bien centrada, así también, como el resultado de la experiencia de su vida. En ambos casos, el autor cuando decide escribir la obra, se ve retado a una elección conceptual voluntaria o involuntaria. El autor no escribe para demostrar la eficacia o no de su pensamiento ( así lo pretenda) ; escribe sí, para carear con la conducta de sus personajes.
El personaje persiste ser existencia pura a través de la inconsciencia creativa del autor. En este punto, probablemente, es donde comienza la técnica de la escritura teatral. Allí, donde el autor se separa de su mundo, para comprender al que gravita en torno suyo. Aunque él, el dramaturgo, paradójicamente, sea el creador o mediador del otro universo caracterológico. El lugar donde el pensamiento mismo llega a morir. Ese estadio que alcanza la imagen cuando sólo produce embeleso y placer puro. La conmoción artística trasciende a la idea, y al propio sentimiento como récipe de su acción.
El proceso de creación de una obra teatral, no es radical ni instantáneo, es progresivo por las características inciertas a la hora de sustraer peso a la propia realidad temática y autoral, hasta alcanzar la levedad conveniente para la invención artística. Una obra teatral es más que una reflexión honda de la realidad real, y mucho más que la realidad ficcional. Y sí es, si resiste un definición, la convocatoria de realidades paralelas por conocer. La capacidad organizativa del autor le otorga en la ejecución de su oficio, una precisa y administrada voluntad, una calculada y estudiada previsión para poder ejecutar cada acto dramatúrgico, sin desorden ni descuido.
El autor se forza en una tensa lucidez táctica, para propiciar desde su apasionada tarea, una ruptura por donde habrá de escurrirse, la luz de la invención teatral. Por supuesto, su objetivo será expresado en los ámbitos secretos de la escritura.
Cuando un autor se inicia en la escritura teatral, es muy probable que su pasión creativa, desestime cualquier rigor conceptual o de pensamiento ; en el trayecto de su creación, a medida que escribe una y más obras, descubre que la pasión comienza a desactivarse, a merodear lejos de su impetud y aptitud. Presa de una crisis, es muy seguro que no sepa qué hacer ; y es entonces, cuando el desanimo lo induce a renunciar a la escritura de la futura obra, o que finalmente posponga el acto creativo, hasta que aparezca de nuevo el aliento impulsador.
El futuro autor teatral, para fomentar el control sobre su pasión escurridiza, ha de pensar y elaborar, antes de disponerse a escribir la obra, una reflexión honda sobre el tema que pretende abordar teatralmente.
Si el tema es el destino, y decide escribir sobre la inalterable certidumbre, no sólo ha de consignar ( en su mente o en una página ) una línea conceptual propulsora del mismo, también habrá de fundamentar dicha oración, con todo aquello que lo sustenta. Vale decir, su concepción particular sobre el tema elegido.
" Nadie puede escapar a su destino. "
Consideremos, de manera arbitraria, que esta oración resulta ser la premisa conceptual y filosófica que da pie a la obra teatral Edipo Rey, de Sófocles. El autor la ha consignado en un papiro. A partir de ese momento, no tendría nada más que las palabras de esta determinación. ¿ El autor podría disponerse a escribir la obra ? Por supuesto que sí, y en el proceso de su escritura, necesariamente, tendrá que detenerse, para ir desarrollando y ajustando como suya, la línea conceptual hasta ahora libre de pertenencia singular. Hasta este momento, la sentencia es una frase absolutamente objetiva, impersonal. Pertenece al pensamiento objetivo, no al subjetivo. Independientemente, de que éste haya sido formulado por una subjetividad particular.
El pensamiento objetivo, necesita ser de alguien para que pueda tener existencia propia, conmovedora. Descender a la subjetividad de un pensamiento que lo justifique y lo promueva, con razonada y sentida argumentación hasta convertirse en patrón de un ser, vale decir, de un personaje. El autor refundará el tema como objeto a explorar, desde su orgánica subjetividad autoral. Si el autor teatral persiste construir en el camino, en el proceso de la escritura de la obra teatral, la concepción de su pensamiento temático, los riesgos comenzarán a aparecer como ilimitados abismos y proyecciones, mermando así su imaginación. Es probable, que algunos personajes, en sus diálogos y conducta, reproduzcan a su creador, al autor, y no lleguen a confrontar el pensamiento de éste, para que la obra vaya hacia otros territorios de reflexión e interrogantes. No es que el autor deba movilizarce con una brújula de ideas, sino que, debe transparentarlas a las luz de la belleza a crear, su obra teatral.
Citemos al maestro Juan David García Bacca en su comentada Poética Aristóteles ( pag. 12 )
" La técnica no está pues dirigida por ideas, sino por valores o fines de utilidad. Si en ella se emplean ideas - fórmulas matemáticas, principios geométricos, datos de física... - todo ello hace medios para conseguir tal fin y realizar tal valor de utilidad. "
Si Sófocles no hubiese descendido reflexivamente a la línea consignada en el pergamino, la obra se hubiera estrechado en una proposición conceptual rígida. Ya que, cuando uno lee la obra Edipo Rey, encuentra en cada lectura otras posibilidades de conceptos ; a pesar de que éstos no se imponen como verdades categóricas y finitas, más bien, se ofrecen como razones que fluyeron producto de las circunstancias mismas de la escritura ; es por ello, que los personajes son quienes terminarán por exponerlos en sus relaciones e interrelaciones situacionales.
El autor está representado en la composición estructural de la obra, no así en los patrones conductales de sus personajes, aunque el autor es el más legítimo creador de sus caracteres independientes. Hemos dicho - e insistimos - que la estructura de la anécdota central de la obra, reta al personaje y éste, con su estructura particular, expresada en su historia personal, se enfrenta a la estructura obligante donde lo ha puesto a existir su padre eterno : el autor teatral.
El autor teatral va al proceso creador de la obra, nadando entre dos ríos confluyentes, el de su conciencia y el de su inconsciencia, para desembocar en el océano de la imaginación. Allí, se habrá de producir un pensamiento que ni la objetividad ni la subjetividad, podrán hacer suyos, ya que el pensamiento creado en el nuevo territorio roturado por la razón y la sin razón, no le pertenecerá a nadie, porque adquirirá independencia en el sentido de que siempre significará más allá del plan vivencial, ideológico o filosófico previsto. Significaciones que si bien partieron de una matriz pensada y organizada, en este caso, el concepto elegido por el autor, terminará por ser rebasado en la sucesiva secuencia de la existencia y la interpretación de la obra.
El autor teatral en la estructuración de la anécdota, se somete a sí mismo al cuestionamiento de la voluntad arbitraria del personaje creado por él. Resulta imprescindible que el autor cultive un pensamiento inicial sobre el tema que habrá de abordar. No basta la segunda fase, el de la escritura de la obra, para aprehender un pensamiento de manera intuitiva. Se necesita previo a ello, el inicial, el que se independiza del objetivo en la conciencia subjetiva del autor. En fin, el autor antes de escribir su obra teatral, deberá saber cuál es el pensamiento que lo impulsa. Entonces, ¿ no deberá investigar mucho más sobre el tema de su interés?
El autor teatral se ve en la necesidad permanente de estar separado de su personaje, de disminuir en la organización lógica de la estructura de la obra, su perfil biográfico. Inclusive, así use parte de su alma en ella. Su acto creativo le permite entrar en un proceso de desajenación con respecto a la realidad objetiva, como con la subjetiva que él mismo representa. La disolución de su yo, lo transmuta en un médium por donde habrán e expresarse, todas las conciencias subjetivas habidas y por haber. El autor teatral, nunca podrá ser representante de una sola expresión ideológica o filosófica, así se obstine en propiciarlo en su obra ; mucho menos, de una sola manera de sentir la vastedad de los sentimientos. Si bien los personajes pueden resultar ser la expresión de patrones conductales conocidos, en el proceso de edificación de la obra, este patrón habrá de modificarse por una deliberada o accidental situación o acción imprevisible, que lo haga inédito en su configuración representativa.
El tema, como categoría a abordar, es vasto ; en él se concentra una variedad de pensamiento de acuerdo a influencias desde históricas a ontológicas. El tema pareciera deambular libre de atavismo, huérfano de determinantes. Cada corriente del pensamiento pretenderá anclarlo a sus intereses. El tema es la muerte, el amor, la pasión, la locura, etc. Es, pareciendo no pertenecerle a ninguno. Todos sienten formar parte de él, víctima gloriosa o fatal de su poder, hasta que éste se excepcionalice como anécdota única a explorar.
Cuando el autor teatral se acerca al tema, con el interés de explorarlo, éste termina por esgrimir su poder de manera resistente. Es entonces, cuando el autor deberá instrumentar su pensamiento propio desde una perspectiva creativa, hasta someter a confrontación los motores ideológicos o filosóficos que organizan subterráneamente al propio tema. Hasta ese momento, el tema ha sido libre en el sentido supuesto de que nadie lo ha tomado como suyo. Sólo la historia general lo habrá pretendido.
Una vez que el autor, traduce el tema a reflexión personal, los conceptos y fundamentaciones que le dan soporte, pasarán al ámbito de su singularidad conceptual. Para desde allí, poder articular el tema en anécdota, segundo paso necesario para que la generalidad a la que induce el tema, no se extravíe en el abordaje autoral. Una vez convertido el tema en anécdota, ésta se singulariza aún más desde el mismo momento en que el autor la convierte en una imagen capital, viva, donde los personajes habrán de existir como entidades independientes.
Los personajes llegan a la anécdota del autor con el peso de su pasado, de su biografía, ignorando el presente contextual que protagonizarán. Vivirán en el presente eterno de la obra. De la misma manera, el autor teatral desconoce las causas puntuales que movilizan a un tema, por eso lo convierte en anécdota, orgánico basamento de la existencia humana, con el fin de descubrir las determinantes auténticas de la historia de la que es hijo.
Cuando Sófocles, convierte el tema del destino en anécdota, somete a consideración crítica las tradiciones de una época social, y de la que ésta heredaba a su vez, de otras. En el sentido, de que esas tradiciones terminaban por glorificar, herir o hacer sufrir, la sensibilidad del ciudadano común. Dos acciones dramáticas expresan con tino la presencia irreductible del destino, como propulsoras de la anécdota elegida por Sófocles. Layo consulta al oráculo y se entera por éste, que su hijo habrá de asesinarlo. Años después, Edipo va al oráculo y se entera a su vez, que él matara su padre. Aquí se produce una elipse fatal por la cual los personajes, Layo y Edipo, serán víctimas ciegas en el cruce de tres caminos ; consolidándose así la decisión del porvenir expresado por el oráculo, a pesar de que cada uno por su lado, Layo y Edipo, elaboraron una estrategia para no ser presa de la rígida flecha del destino. Flecha certera que alcanzó a ambos, precipitándolos en tormento, dolor, desesperación y muerte.
Si Sófocles, confrontó la postura rígida de las creencias y tradiciones, el tema del destino no queda totalmente abolido o conjurado en su obra, pues el destino es también una expresión del azar que juega y da sentido puntual a la existencia humana. En este caso, el tema donde bebe la obra, no se agota, persiste y apertura múltiples interpretaciones anecdóticas y autorales. Es un tema sobradamente atractivo.
Para el proceso de la escritura de una obra teatral, debemos señalar que, una vez que el autor consigne la línea conceptual, deberá desarrollarla desde su perspectiva. Profundizándola con una exposición analítica propia. Volvamos a los ejemplos. Si la línea es :
" Nadie puede escapar a su destino. "
Su desarrollo argumental sería, es un ejemplo ( siguiendo lo explorado por Sófocles, en su obra Edipo Rey ) lo siguiente :
" Nadie puede escapar a su destino. Pero esta aseveración, podríamos tomarla como una obligante determinación de influencias religiosas, que lógicamente bebieron de inmodificables posturas ontológicas, a las cuales el hombre de la antiguedad no parecía escapar al saberse fruto de la sentencia del azar. El oráculo es la expresión más emblemática de ello... etc. "
Así, el autor descenderá a la reflexión de la línea ; progresivamente, irá instrumentando una concepción mucho antes de explorar el otro pensamiento en la escritura misma ; hasta descubrir el tercero, una vez concluida la obra. Sólo así, habrá construido su idea conceptual propia y particular. Expresada en la mirada de la obra teatral finalmente escrita.
Capítulo del libro Inédito de ensayos: TRAMA
( Proceso y construcción de la obra teatral)