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CINE Y TEATRO: Una relación de amor y amoros
REVISTA CULTURAL "UNICORNIO".
Septiembre de 1998. Nº 8. Cádiz (España). Págs 22-23
Autor.- Víctor Amar
"El semidivino secreto del cine es la vida. Lo admirable, lo hermoso, lo terrible es ver andar, ver luchar, ver vivir a los hombres y a las mujeres que no están ahí.
Manuel Machado.
"La cuestión del cinematógrafo. en El LIberal. 1/12/1916
Cuántos especialistas han centrado sus experiencias entorno a la sutil convivencia entre cine y teatro - teatro y cine. Cuántas páginas se han dedicado al estudio entre ambas disciplinas, al análisis de sendas manifestaciones artísticas. Cuántos somos los espectadores que creemos en la relación de amor y, a veces, amorosa entre cine y teatro...
Es cierto que el cine se vinculó al teatro desde sus inicios. Se nutrió de actores, historias, de conceptos -teatro filmado-, de decorados y, en definitiva, de la herencia escénica.
Luego fue creciendo al lado del teatro, se miraba en él y aceptaba, como si de un pupilo se tratara, la experiencia que éste le transmitía. Más tarde, la convivencia entre los espectadores adultos fue, igualmente, respetuosa.
El cine continuó aprendiendo del teatro. De igual forma, el teatro comprendió la singularidad de la narrativa y la dramaturgia fílmica. Y, de esta manera, se había consolidado una relación de amor sin precedentes, sólo desavenida puntualmente por los filtreos que el cine mantenía con otras artes, suscitando en el teatro algún que otro brote de celos.
Valerse de un material dramatizado, o al menos organizado dramáticamente, al cine le vino de maravillas. Además, en algunas ocasiones, estos textos ya habían sido representados y el público los recordaba. La palabra transmitida había que aunarle el imago. Así que, el resultado comenzaba a ser otro, pues el principio clásico de que en teatro la acción viene dada por la palabra, ahora habría que adjuntarle el que la acción también podría venir propiciada por la mirada.
La visualización de la palabra, la explicación visual de los diálogos fueron conceptos que revolucionaron por igual a ambas disciplinas extraídas de la sensibilidad del artista de la palabra viva, o bien del narrador en imágenes visuales.
El cine permite la "no" limitación del espacio. También licencia penetrar en la microfisonomía de los personajes, gracias al cinematográfico primer plano. Y, además, el montaje faculta el resultado de una obra secuencializada en el tiempo y en el espacio. Sin embargo, el resultado final es otra obra, una adaptación del referente teatral. Se trata de cine y ya no de una pieza escenificada.
La teatralidad se convierte en la esencia de la película. La versión mágica de siluetas que proyectadas en una pantalla hablan y sienten, de igual forma que lo hacían los actores -de carne y hueso- en la escena de un teatro. Tal vez, se logre la misma manera de emocionar, de contar, de estremecer. Una relación entre el cine y el teatro, o viceversa, de amor y amorosa.
No obstante, esta vinculación platónica ha contado -y, posiblmente, aún cuente- con detractores. Personas a ambos lados del visor y a ambos lados de la escena que defienden que el cine y el teatro fue un matrimonio desavenido. Sin embargo, estos han olvidado que sendas disciplinas están condenadas a entenderse, pues sus hijos -que somos todos- necesitamos de sus orientaciones y, sobre todo, de que nos sigan divirtiendo, emocionando y educando para ser libres, para poder seguir eligiendo.
A modo de ejemplo, sugerir que se acercaran a un cine y viesen una versión de los dramas de William Shakespeare adaptados por Laurence Olivier, Orson Welles, Román Polanski y Kenneth Branagh, entre otros. O bien, le formularía el planteamiento anterior de otra manera. Si William Shakespeare estuviera (en al actualidad) escribiendo, lo haría o no para el cine en calidad de guionista...
Y, en este sentido, para concluir parafrasear a Pere Gimferrer cuando establece el punto y seguido a la reflexión del párrafo anterior: "¿por qué precisamente guionista, ya que Shakespeare era un hombre de teatro que tenía su propia compañía, es decir, alguien interesado en la realización global del espectáculo y no tan sólo en el texto escrito?" (GENFERRER, Pere. "Cine y literatura". Ed. Planeta. Barcelona. 1985. Pág 89)
Antes de finalizar cabría apuntar que en esta relación entre el cine y el teatro, o viceversa, se ha pretendido poner de relieve que aún se mantiene viva. Que es, todavía, tema de debate y que suscita inquietudes entre los que nos aglutinamos en torno a ambas artes. Sin ningún género de dudas, se lo merecen. Es una historia tanto de amor como amorosa, con más de cien años de existencia... Quizá, con más de un centenar de títulos emblemáticos... que se debe escribir, o reescribir, en tiempo presente.
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